Fuente Marketingdirecto.com / El auge de las series de televisión en las últimas dos décadas ha sido increíble pero, unido a este éxito, las marcas descubrieron una nueva forma de publicitarse en un momento en que ya nadie prestaba atención a los cortes de televisión. Nació así el product placement, o la publicidad por emplazamiento, que muestra productos o marcas en series, películas, videoclips y videojuegos de todo tipo.

El objetivo del product placement es dar visibilidad a un producto cuando el consumidor está realmente prestando atención a la plantalla. Por ello, cada vez que encendemos la televisión no es tan raro ver cómo los protagonistas están bebiendo una Coca-Cola, utilizando un Mac, desayunando una caja de Dunkin Donuts o fumando Lucky Strike.

Ante la proliferación del zapping y el poco interés de los espectadores ante los típicos spots, los anunciantes tuvieron que buscar formas nuevas con las que introducir sus productos en su audiencia potencial. Así, llegaron a desarrollar una publicidad más sutil y efectiva pero que, además, llega a más personas y logra ser recordada durante más tiempo.

Y es que nadie puede olvidar la imagen de Carrie Bradshaw, de Sexo en Nueva York, escribiendo sus artículos con su ordenador Mac. Aunque éste se trata de un ejemplo entre miles de impactos y de vínculos emocionales que los anunciantes han logrado crear en los consumidores, algo que es mucho más difícil de conseguir con la publicidad tradicional.